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Andy Suderman sostiene que la expansión de las cargas de trabajo de inteligencia artificial hace que Kubernetes vuelva a parecer nuevo e intimidante, no por la dificultad de crear el clúster, sino por la gestión de las unidades de procesamiento gráfico, el escalado y la seguridad en entornos de producción. El artículo concluye que el verdadero desafío es operar y asumir la propiedad de la plataforma, no ponerla en marcha por primera vez.