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El artículo explica que los agentes de inteligencia artificial pueden crear recursos en la nube sin un propietario humano claro, lo que deja a las organizaciones ante costes continuos y registros de auditoría incompletos. Propone tres controles prácticos: descubrir las identidades automatizadas, impedir los despliegues sin un propietario humano y establecer una duración para los entornos.