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Hannah Foxwell sostiene que la aceleración del desarrollo de software gracias a los agentes inteligentes no elimina el papel de los equipos de desarrollo, sino que exige rediseñar su forma de trabajo en torno a tres principios: construir lo que merece la pena construir, vincular la velocidad con la seguridad y la fiabilidad, y preservar el elemento humano. El artículo presenta patrones organizativos y prácticas operativas para afrontar los cuellos de botella de los requisitos, las pruebas y la ruta de despliegue.