Espacio y tecnologías espaciales

La inteligencia artificial en la órbita nuclear: ¿por qué no basta con la expresión «mantener al ser humano en el circuito»?

El artículo analiza los riesgos de integrar la inteligencia artificial en los satélites de alerta temprana y en los sistemas nucleares de mando y control, advirtiendo que mantener la decisión final en manos humanas no garantiza la independencia del juicio si el modelo ha configurado los datos que ve quien toma la decisión. También examina los esfuerzos de las Naciones Unidas y del foro REAIM, con especial atención a la brecha de verificación y aplicación.

2026-09-29
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certi.news Editorial Team
La inteligencia artificial en la órbita nuclear: ¿por qué no basta con la expresión «mantener al ser humano en el circuito»?

La integración de la inteligencia artificial en los satélites de alerta temprana de misiles y en los sistemas nucleares de mando y control plantea una cuestión que va más allá de la precisión de los modelos: ¿basta con que el ser humano conserve la autoridad sobre la decisión de lanzamiento si el sistema ha determinado previamente qué ve esa persona y qué considera una amenaza? Esta es la cuestión central que analiza el artículo, a la luz de advertencias públicas procedentes del interior de la industria de la inteligencia artificial y de iniciativas internacionales que aún no se han convertido en restricciones verificables.

Del análisis terrestre al procesamiento en órbita

La arquitectura tradicional de alerta temprana se basaba en que los satélites captaran datos térmicos y de radar y los enviaran a la Tierra, donde analistas humanos se encargaban de interpretarlos. Sin embargo, la arquitectura moderna avanza hacia la instalación de modelos de visión por computador y procesamiento en el borde a bordo de los satélites, de modo que clasifiquen las señales y determinen qué podría ser la estela de un misil antes de que la imagen sin procesar llegue al ser humano.

Esto coincide con la transición de un número limitado de satélites geoestacionarios a grandes constelaciones en la órbita terrestre baja, además de plataformas que integran el radar, las imágenes y la información de señales en un único flujo casi inmediato. Esta automatización responde a la velocidad de las amenazas orbitales e hipersónicas, pero al mismo tiempo reduce el margen disponible para la revisión humana.

¿Qué tipo de error podría producirse?

Los modelos utilizados actualmente no son sistemas superinteligentes y autooptimizables del tipo sobre el que han advertido investigadores del campo de la alineación de la inteligencia artificial, sino modelos estrechos con pesos fijos y algoritmos para fusionar sensores. Sin embargo, la limitación del modelo no elimina el riesgo operativo: el sistema podría interpretar un resplandor solar o el brillo de un fragmento de escombro como el rastro de un lanzamiento de misil y luego transmitir esa evaluación a una cadena de mando que solo dispone de unos minutos para tomar una decisión.

Esta posibilidad cobra mayor importancia porque la inteligencia artificial no ofrece necesariamente la decisión de lanzamiento de forma directa; puede filtrar las señales, establecer sus prioridades y construir la imagen en la que se basa el ser humano. Por ello, la frase «el ser humano tiene la decisión final» puede resultar insuficiente si no es capaz de auditar los datos sin procesar o comprender cómo el modelo ha configurado su evaluación.

¿Qué revela la comparación con la prohibición en las escuelas?

El artículo compara esta situación con la decisión del alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, del 2 de septiembre, de suspender durante un año el uso de inteligencia artificial generativa para los alumnos de las escuelas públicas hasta octavo grado, lo que afectó a unos 600.000 niños. La justificación de la decisión no fue que la tecnología no funcionara, sino que la ciudad no estaba segura de su idoneidad para un entorno en el que un error podría influir en el desarrollo de la capacidad de pensamiento del niño.

La comparación no equipara la escuela con el sistema nuclear, pero pone de relieve una paradoja en el criterio de precaución: una sola ciudad puede detener el uso de software en dispositivos bajo su control, mientras que resulta difícil imponer una suspensión similar a sistemas militares distribuidos entre países que no confían unos en otros y que pueden actualizarse a distancia mediante enlaces cifrados.

Las normas internacionales y la brecha de verificación

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 1 de diciembre de 2025 la resolución A/RES/80/23 sobre los riesgos de integrar la inteligencia artificial en los sistemas nucleares de mando, control y comunicaciones, por una mayoría de 118 votos frente a 9, con 44 países absteniéndose. La resolución insta a los Estados a publicar políticas que confirmen que estos sistemas permanecen bajo control humano y que no pueden iniciar de forma autónoma una decisión nuclear.

La tercera Cumbre REAIM también se celebró en La Coruña, España, los días 4 y 5 de febrero de 2026, después de las cumbres de La Haya en 2023 y Seúl en 2024. Sin embargo, el documento de resultados de la cumbre de 2026 solo recibió el respaldo de 39 países, frente a más de 60 países en 2024.

Las evaluaciones citadas por el artículo, incluida la evaluación de la Observer Research Foundation, indican que estas iniciativas expresan una preocupación amplia, pero no ofrecen una definición técnica y comprobable del concepto de «control humano». Asimismo, los documentos de REAIM se basan en la descripción que hacen los Estados de su propio cumplimiento, sin un mecanismo de verificación externa.

Lectura editorial: el problema no está en el principio, sino en la posibilidad de demostrarlo

Parece más realista mantener la inteligencia artificial fuera de la función de iniciar una decisión de lanzamiento nuclear que prohibir su uso en todos los sistemas militares. Sin embargo, esta separación solo se convierte en una garantía si es posible verificar efectivamente los límites de la función. Un sistema que no lanza el misil por sí mismo puede seguir influyendo radicalmente en la decisión al seleccionar la señal que llega al ser humano y determinar su prioridad.

La conclusión que impone el artículo no es que todo modelo espacial vaya a provocar una catástrofe, ni que el uso de la inteligencia artificial en la alerta temprana pueda detenerse fácilmente. El riesgo práctico reside en seguir ampliando la dependencia de estos sistemas mientras las normas de verificación y auditoría independiente continúan sin resolverse. La pregunta abierta es si los Estados pasarán de declarar el principio del control humano a construir mecanismos que demuestren que el ser humano posee realmente comprensión y capacidad de objetar, antes de que una alerta falsa ponga a prueba esta brecha.

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