Las historias biomédicas más populares de IEEE Spectrum durante 2025 se centraron en dos tendencias paralelas: la introducción de nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial, en la biomedicina, y la reutilización de tecnologías más antiguas, como el Wi‑Fi, los ultrasonidos y el láser, en nuevas aplicaciones sanitarias. Estos ejemplos no representan necesariamente productos maduros, sino que ilustran líneas de investigación que podrían cambiar en el futuro la forma de diagnosticar enfermedades, tratarlas o monitorizar a los pacientes.
En algunos de estos proyectos, la inteligencia artificial aparece como una herramienta para analizar señales biológicas complejas, mientras que en otros la innovación depende de modificar la forma de utilizar dispositivos y tecnologías disponibles desde hace años. Aunque algunas aplicaciones parecen próximas al uso práctico, otras aún se encuentran en el ámbito de las hipótesis o de los primeros experimentos.
Implantes cerebrales y alerta temprana de la depresión
Una de las historias más destacadas comenzó con la observación de Patricio Riva-Posse, psiquiatra de la Facultad de Medicina de la Universidad Emory, de que los implantes cerebrales de una de sus pacientes enviaban señales de un empeoramiento de la depresión antes de que ella misma lo advirtiera. Esta experiencia llevó a Riva-Posse y a sus colegas a desarrollar lo que describieron como un sistema de alerta automático capaz de detectar indicios de cambios en el estado mental.
El sistema se basa en implantes que registran continuamente los impulsos eléctricos del cerebro y luego utiliza un modelo de inteligencia artificial para analizar los resultados y detectar señales que podrían indicar una recaída de la depresión. Paralelamente, otros grupos de investigación en Estados Unidos están probando distintas formas de utilizar implantes cerebrales estimulantes para tratar la depresión, con inteligencia artificial o sin ella. El neurocirujano Nir Lipsman afirma que el campo ofrece numerosas opciones de intervención, pero el artículo no presenta este sistema como un tratamiento ampliamente disponible.
Tatuajes de grafeno que monitorizan biomarcadores
En el laboratorio de Dmitri Kireev, de la Universidad de Massachusetts Amherst, los investigadores desarrollan tatuajes electrónicos ultrafinos de grafeno, casi invisibles sobre la piel, capaces de monitorizar biomarcadores y otras señales corporales. El grafeno es un conductor resistente y flexible, lo que permite utilizarlo para medir la frecuencia cardíaca y detectar la presencia de determinados compuestos en el sudor.
Kireev considera que estos tatuajes podrían ayudar en el futuro a seguir casos médicos complejos, incluidos los cardiovasculares, los trastornos metabólicos, las enfermedades inmunitarias y las enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, actualmente la tecnología aún necesita conectarse a un circuito electrónico convencional. Los investigadores esperan integrarla en el futuro dentro de relojes inteligentes para que sea más fácil de llevar y utilizar.
Medición del pulso cardíaco mediante señales de Wi‑Fi
El sistema Pulse‑Fi es un ejemplo de cómo convertir una tecnología de comunicación común en una herramienta de monitorización sanitaria sin contacto. Utiliza un modelo de inteligencia artificial para analizar los latidos del corazón y estimar la frecuencia cardíaca en tiempo real desde una distancia de hasta 10 pies, es decir, aproximadamente tres metros.
El coste total del sistema ronda los 40 dólares, según el artículo, y también es fácil de implementar y no provoca las molestias asociadas a los dispositivos de monitorización que requieren un contacto constante con el cuerpo. El sistema funciona independientemente de la postura del usuario y en distintos entornos. Kátia Obraczka, científica informática de la Universidad de California en Santa Cruz, dirige el desarrollo de Pulse‑Fi y ha declarado que el equipo planea comercializar la tecnología. Esto no significa que el sistema se haya convertido ya en un producto comercial disponible.
Ultrasonidos y láser dentro del ámbito de la investigación
Los investigadores Sangeeta S. Chavan y Stavros Zanos, del Instituto de Medicina Bioelectrónica de Nueva York, plantean que los ultrasonidos podrían ser capaces de activar las células nerviosas. La idea consiste en hacer vibrar la membrana de la célula nerviosa y abrir canales que permitan el flujo de iones hacia su interior, lo que modificaría indirectamente su voltaje y la impulsaría a emitir una señal.
Según la propuesta de los investigadores, dirigir el tratamiento a células nerviosas específicas podría permitir tratar la inflamación o la diabetes en lugar de utilizar fármacos con efectos secundarios generalizados. No obstante, el texto lo presenta como una hipótesis de investigación, no como un tratamiento demostrado ni como una alternativa clínica disponible.
En una dirección óptica diferente, unos investigadores demostraron que el láser puede enviar fotones a través de una cabeza humana, después de que durante años este tipo de trabajo pareciera imposible debido a la capacidad de la cabeza para bloquear la luz. En el futuro, esto podría dar lugar a herramientas que combinen el bajo coste de la electroencefalografía, que no penetra profundamente en las capas externas, con la capacidad de la resonancia magnética funcional para observar zonas más profundas, aunque esta última es más costosa. Jack Radford, responsable del proyecto, describe el resultado como una demostración de la posibilidad de algo que se consideraba imposible, no como un dispositivo de diagnóstico listo para su uso.
Los robots se acercan a tomar decisiones en el quirófano
La última historia aborda la posibilidad de que los robots sean capaces de tomar decisiones más autónomas durante la cirugía. Los tres investigadores que prepararon el artículo trabajan en el laboratorio de robótica de la Universidad Johns Hopkins, responsable del desarrollo del Smart Tissue Autonomous Robot, conocido por las siglas STAR. En 2016, STAR realizó la primera cirugía autónoma de tejidos blandos en un animal vivo.
El acceso a un quirófano basado completamente en robots autónomos aún afronta obstáculos, entre ellos el desarrollo de controladores robóticos polivalentes y la recopilación de datos bajo normas estrictas de privacidad. Aun así, los autores del artículo consideran que el escenario de que un cirujano y un asistente robótico autónomo reciban al paciente ya no es una posibilidad lejana. Esta visión sigue vinculada al progreso de la investigación y las pruebas, no al anuncio de una adopción rutinaria de estos sistemas en los hospitales.
Estas historias combinan innovaciones basadas en la inteligencia artificial con otras que redescubren las posibilidades de tecnologías antiguas. La visión general indica que el valor de la innovación médica no siempre está relacionado con la novedad de la herramienta, sino con la forma en que se utiliza para recopilar señales biológicas, influir en los tejidos o apoyar la toma de decisiones quirúrgicas. Al mismo tiempo, los ejemplos muestran que pasar de la prueba de concepto al uso médico requiere más verificación y resolver desafíos de seguridad, privacidad y fiabilidad.