Privacidad y políticas tecnológicas

La soberanía digital entre la reducción de la dependencia y la construcción de una Internet más abierta

La EFF ofrece una lectura de la soberanía digital como la capacidad de las personas, los Estados y las comunidades para controlar sus datos, tecnologías e infraestructuras, al tiempo que advierte sobre su transformación en una herramienta para aislar Internet o ampliar la vigilancia gubernamental. La organización considera que la mejor alternativa pasa por el software de código abierto, la portabilidad de los datos, un cifrado sólido y la reducción de la dependencia de las plataformas cerradas.

2026-09-09
7 min de lectura
8 visitas
فريق تحرير certi.news
La soberanía digital entre la reducción de la dependencia y la construcción de una Internet más abierta

El término «soberanía digital» se ha convertido en un título amplio para los debates relacionados con la infraestructura en la nube, la inteligencia artificial, los chips y la regulación de las plataformas. Los Gobiernos europeos lo utilizan para reducir la dependencia de la infraestructura y las empresas extranjeras, mientras que los Estados de otras regiones lo consideran un medio para reforzar el control sobre los datos y las comunicaciones y desarrollar capacidades tecnológicas locales. Sin embargo, la EFF considera que el término sigue siendo ambiguo y que su valor no debería reducirse a sustituir unas grandes empresas tecnológicas por otras ni a crear nuevos «jardines amurallados».

En sus definiciones más sencillas, la soberanía digital significa tener la capacidad de controlar el destino digital. El significado varía según la entidad de que se trate: puede referirse al derecho de una persona a saber dónde se almacenan sus datos y quién tiene derecho a acceder a ellos, o a la capacidad de un Estado para desarrollar, proporcionar, utilizar, adaptar y controlar infraestructuras y tecnologías de manera independiente y segura. La fuente señala que un documento conjunto franco-alemán definió el concepto como la capacidad de desarrollar tecnologías digitales, incluido el hardware, así como proporcionarlas, utilizarlas, adaptarlas y controlarlas de forma independiente, autodeterminada y segura.

¿Por qué importa este debate?

La importancia de la soberanía digital se debe a que la infraestructura básica puede ser propiedad de empresas que operan bajo otra jurisdicción, lo que somete los datos y los servicios a la influencia de leyes y prioridades políticas extranjeras. Estas preocupaciones aumentan con las guerras, las sanciones y la fragmentación de Internet, factores que han demostrado que la infraestructura física sobre la que se sustentan los servicios digitales no siempre es neutral ni está protegida.

En Europa, el debate se centra en reducir la dependencia de los servicios de computación en la nube, los chips y las plataformas extranjeras, especialmente las estadounidenses. Alemania ha comenzado a financiar esta orientación a través de Sovereign Tech Agency, que invierte a escala mundial en componentes de software de código abierto que respaldan la competitividad y la innovación en Alemania y Europa. Asimismo, organizaciones europeas impulsan modelos alternativos de propiedad de las plataformas y una definición más clara de los objetivos de las empresas tecnológicas, mientras que la organización EDRi considera que la soberanía digital europea comienza con el código abierto.

Fuera de Europa, el concepto adopta formas diferentes. Los debates entre los pueblos indígenas se centran en su derecho a gestionar sus sistemas digitales, mientras que en el Sudeste Asiático el debate está relacionado con el crecimiento de los servicios de «nube soberana» y con la jurisdicción a la que están sometidos los datos. En América Latina destaca la infraestructura digital pública, mientras que los países africanos hablan de pasar del consumo de tecnología al diseño de infraestructuras y sistemas de datos. En Oriente Medio y el Norte de África surgen preocupaciones por la dependencia de empresas tecnológicas estadounidenses debido a sus papeles en los conflictos y la vigilancia, incluida la relacionada con las voces palestinas.

El riesgo: la soberanía del Estado a costa del usuario

Reducir la dependencia de las grandes empresas no implica automáticamente un aumento de los derechos de los usuarios. La fuente advierte que algunos Gobiernos podrían utilizar la soberanía digital para aislar a sus ciudadanos o fragmentar el acceso a Internet, como ha ocurrido en Irán, Rusia y otros lugares. Otorgar al Estado una mayor influencia sobre los datos, las comunicaciones y las ubicaciones de los ciudadanos puede producir resultados preocupantes, especialmente en países que imponen altos niveles de vigilancia o gestionan programas de supervisión sin rendición de cuentas.

Por esta razón, algunas voces, entre ellas una profesora iraní a la que la fuente se refiere como Azadeh Akbari, critican la ola actual que presenta la soberanía digital como una solución para acabar con la dependencia de la tecnología estadounidense y china, al considerar que puede tener un sesgo europeo. Asimismo, la investigadora residente en Jordania Reem Almasri considera que la soberanía digital debería significar que las personas y las comunidades tengan la capacidad de elegir la tecnología, controlarla y utilizarla de acuerdo con sus necesidades y valores, y no simplemente ampliar el poder de los Gobiernos.

¿Qué cambia en la práctica?

Según la visión de la EFF, la soberanía digital debe basarse en la autonomía del usuario, no en trasladar el centro de poder de un grupo de empresas a un grupo de Gobiernos u otras empresas. Esto incluye apoyar herramientas y proyectos libres y de código abierto, construir servicios conforme a los principios de interoperabilidad y portabilidad de los datos, y proporcionar equipos permanentes de desarrolladores, diseñadores de experiencia de usuario y gestores de comunidades dentro de las entidades gubernamentales.

  • Otorgar a los usuarios un control más claro sobre sus datos, incluido el conocimiento de dónde se almacenan y quién tiene legalmente derecho a acceder a ellos.
  • Permitir transferir fácilmente los datos entre servicios y plataformas en formatos estructurados y legibles por máquinas, para reducir el confinamiento del usuario en una sola plataforma.
  • Rechazar los diseños manipuladores, las condiciones coercitivas y las configuraciones predeterminadas que limitan la elección del usuario.
  • Apoyar el cifrado completo de extremo a extremo y un cifrado sólido de los datos almacenados, y abstenerse de imponer puertas traseras o autorizaciones generales para el «acceso legal».
  • Reducir la recopilación y el tratamiento de datos al mínimo necesario, y obtener un consentimiento explícito que indique qué se recopila, dónde se almacena y quién puede acceder a ello.

La lectura de certi.news

El cambio efectivo aquí no consiste en lanzar una única tecnología o norma, sino en redefinir el objetivo de las políticas digitales. En lugar de considerar la soberanía como la mera propiedad local de centros de datos o el desarrollo de alternativas nacionales a las plataformas, la lectura presentada propone medirla por la capacidad del usuario para comprender sus datos, transferirlos, protegerlos y abandonar el servicio sin perder su historial digital.

Esta visión deja abiertas varias preguntas: ¿cómo pueden los Estados desarrollar capacidades locales sin convertirlas en herramientas de vigilancia? ¿Cómo pueden los proyectos de código abierto garantizar una financiación y un mantenimiento a largo plazo? ¿Qué mecanismos impiden que las empresas locales reproduzcan el mismo confinamiento que se critica a las empresas globales? La fuente no ofrece respuestas ejecutivas detalladas a estas preguntas, pero establece una limitación fundamental: la soberanía digital que coloca al Estado o a la empresa por delante del usuario puede reproducir la dependencia en lugar de ponerle fin.

Fuente de la noticia
ف
Autor

فريق تحرير certi.news

De la misma categoría

También te puede interesar

Ver todas las noticias