Computación en la nube y centros de datos

El auge de los centros de datos de inteligencia artificial choca con el legado de la contaminación industrial en las ciudades estadounidenses

Los planes de expansión de los centros de datos de inteligencia artificial afrontan una oposición creciente en Estados Unidos debido al consumo de energía y agua, el ruido y las emisiones. En Filadelfia, el rechazo está relacionado con la historia del barrio de Grays Ferry y una refinería de petróleo que cerró tras una explosión en 2019, aunque hasta ahora no existen propuestas formales de construcción.

2026-09-15
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فريق تحرير certi.news
El auge de los centros de datos de inteligencia artificial choca con el legado de la contaminación industrial en las ciudades estadounidenses

La oposición a los centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos ya no está relacionada únicamente con preocupaciones generales sobre el consumo de electricidad o el aumento de las facturas de servicios públicos. En Filadelfia, el nuevo debate se entrelaza con la memoria de comunidades que durante décadas vivieron junto a instalaciones industriales pesadas, lo que hace que las promesas de empleos y crecimiento económico resulten menos convincentes para los residentes que relacionan la industria anterior con daños sanitarios y medioambientales persistentes.

Uno de los focos de este debate se encuentra en el barrio de Grays Ferry, en el suroeste de Filadelfia, donde creció el activista Shawmar Pitts junto a una refinería de petróleo que era la más grande de la costa este de Estados Unidos. La refinería cerró después de una explosión ocurrida en 2019, pero sus efectos sociales y sanitarios siguen presentes en los testimonios de los residentes. Pitts, como codirector de la organización Philly Thrive, encabeza una campaña para exigir una pausa temporal en la construcción de centros de datos en la ciudad.

Hasta ahora no se han presentado propuestas formales para construir un centro de datos en Filadelfia, pero funcionarios de la ciudad han identificado dos posibles ubicaciones: una en el noreste de Filadelfia y otra en el barrio de Grays Ferry. El movimiento No Data Centers in Philly afirma que los residentes no quieren añadir una nueva fuente de ruido y contaminación a una zona que ya arrastra un pesado legado industrial.

¿Por qué importa esta noticia?

El caso de Filadelfia revela un problema que va más allá de elegir la ubicación de una instalación concreta. Los centros de datos que necesitan las empresas de inteligencia artificial dependen de grandes cantidades de electricidad y pueden requerir generadores diésel de respaldo y fuentes adicionales de agua, mientras las empresas buscan emplazamientos capaces de absorber una rápida expansión de la demanda.

Según BloombergNEF, para 2035 los centros de datos estadounidenses podrían consumir una cantidad de gas natural superior a la que consumen conjuntamente Alemania y Japón, unas previsiones cercanas al doble de una estimación anterior publicada nueve meses antes. La fuente señala que la quema de un pie cúbico de gas natural libera el equivalente a 60 gramos de dióxido de carbono y estima también que la demanda adicional de los centros de datos podría provocar un millón de toneladas métricas adicionales de emisiones de gases de efecto invernadero al día, aproximadamente el 12 % de las emisiones actuales de Estados Unidos. Estas cifras se atribuyen a las entidades mencionadas en el informe y no significan que cada centro de datos individual vaya a generar el mismo impacto.

La infraestructura de respaldo de los centros añade otra dimensión al debate. Annie Fox, abogada de Clean Air Council, afirmó que el centro de datos típico previsto en Pensilvania podría contar con cientos de motores diésel, aunque su funcionamiento estuviera reservado para emergencias. Según lo informado por ella, estos motores podrían utilizarse en lugar de extraer electricidad de una red sobrecargada durante algunas olas de calor, lo que plantea la cuestión de cómo equilibrar la fiabilidad del servicio con la calidad del aire.

¿Qué está cambiando en la práctica?

Algunos funcionarios se están inclinando por congelar temporalmente los proyectos en lugar de aprobarlos con rapidez. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó una orden ejecutiva que impide temporalmente al estado aprobar permisos para grandes proyectos y afirmó que los centros de datos deben construirse en lugares donde realmente sean deseados. También se han aprobado pausas temporales en Denver, Indianápolis, Asheville, Charlotte y Reno, con el objetivo de dar tiempo a las autoridades para recopilar información sobre los efectos de estas instalaciones.

Para las comunidades locales, la evaluación no se limita al número de empleos anunciados. Donna Greenberg, residente de Filadelfia, expresó preocupación por la contaminación, el agua y la electricidad, así como por el acceso a la información y la supervisión. Sonya Sanders, presidenta de la junta directiva de Philly Thrive, rechazó las promesas de empleo y relacionó su postura con la experiencia de su esposo, quien murió en 2020 de un cáncer óseo poco frecuente; ella cree que las emisiones de la refinería contribuyeron a su enfermedad. Esta creencia constituye un testimonio personal, no una prueba médica aportada por la fuente.

La lectura de certi.news

El cambio real aquí no es el lanzamiento de un nuevo proyecto, sino la transformación de los centros de datos de inteligencia artificial: de una infraestructura alejada del público a una cuestión local de planificación, salud pública y energía. Filadelfia muestra que la aceptación del proyecto no se decidirá únicamente mediante promesas económicas, especialmente en zonas que han soportado el coste de industrias anteriores.

Siguen abiertas preguntas fundamentales: ¿cuánto consumirá en agua y electricidad la instalación propuesta? ¿Cuántos empleos permanentes proporcionará? ¿Y qué medidas habrá para supervisar las emisiones, el ruido y el funcionamiento de los generadores de emergencia? Además, según el artículo, en Filadelfia no existe todavía un plan de construcción formal que pueda evaluarse. Por tanto, el debate actual es una batalla sobre las normas y la información que preceden al proyecto, no un juicio definitivo sobre una instalación concreta.

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