Mazda ha revelado un nuevo paso estratégico destinado a fortalecer la sostenibilidad de sus operaciones de fabricación, mediante la integración de sistemas de almacenamiento de energía utilizando baterías de vehículos eléctricos usadas. Esta iniciativa forma parte del compromiso de la empresa de lograr la neutralidad de carbono en todas sus plantas para el año 2035.
Estrategia de energía renovable
Mazda adopta un enfoque de múltiples vías para alcanzar sus objetivos ambientales, con el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 46% para 2030, hasta llegar a la neutralidad total en 2035. Para lograrlo, la empresa ha comenzado a instalar sistemas de almacenamiento de energía basados en baterías recuperadas de vehículos eléctricos, lo que otorga a estas baterías una segunda vida útil en lugar de desecharlas.
Detalles del proyecto y colaboración técnica
La empresa ha anunciado acuerdos de compra de energía (PPA) en sus instalaciones en Japón, específicamente en el centro de Mazda (KD Center) y otras plantas. Los sistemas de almacenamiento de energía se instalan en colaboración con socios técnicos, donde la capacidad de almacenamiento en el centro KD alcanza los 2.2 megavatios, con una capacidad de descarga anual de 2.6 gigavatios por hora. El plan también incluye otros sitios con una capacidad de almacenamiento de hasta 0.8 megavatios.
¿Por qué es importante esta noticia?
La importancia de este enfoque radica en que es un modelo práctico de economía circular en el sector automotriz. En lugar de tratar las baterías de los vehículos eléctricos como residuos después de que finaliza su vida útil en el vehículo, se reutilizan en la infraestructura energética dentro de las fábricas. Esto no solo reduce la huella de carbono de las operaciones de fabricación, sino que también proporciona una solución técnica sostenible para gestionar la energía renovable intermitente, contribuyendo a la estabilidad de la red eléctrica dentro de las instalaciones industriales.
Mazda espera que estas iniciativas contribuyan a reducir las emisiones de dióxido de carbono en 1300 toneladas anuales, lo que refuerza la eficiencia en el uso de los recursos en su camino hacia la transición verde.