Los programas de energía y propulsión nucleares espaciales en Estados Unidos afrontan desafíos operativos próximos y riesgos a más largo plazo, pese al creciente impulso político y financiero en torno a ellos. Durante el Space Nuclear Industry Symposium, celebrado el 13 de agosto, funcionarios gubernamentales y representantes de la industria expusieron los avances logrados en proyectos como el proyecto de NASA conocido como Space Reactor 1 Freedom, cuyo objetivo es lanzar un sistema de propulsión eléctrica nuclear para finales de 2028, y el programa Lunar Reactor 1, destinado a desarrollar un sistema de energía nuclear que se utilizará en la Luna.
Aaron Miles, coordinador de capacidades estratégicas de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, afirmó que estos programas se encuentran en la intersección del creciente interés por los sectores espacial y de la energía nuclear, y describió la etapa actual como una oportunidad cuyos efectos podrían extenderse durante toda una generación. Sin embargo, este interés no elimina las limitaciones que podrían afectar la capacidad de Estados Unidos para convertir los planes en un sistema de producción sostenible.
El combustible HALEU podría convertirse en un cuello de botella
Uno de los principales desafíos está relacionado con el uranio poco enriquecido de alto enriquecimiento, conocido como HALEU, que probablemente se utilizará en los reactores espaciales. Miles señaló que Estados Unidos no dispone actualmente de una línea de producción de combustible cerámico HALEU, mientras aumenta la demanda del mismo combustible por parte de los programas de reactores nucleares terrestres, incluidos los reactores modulares pequeños.
El Departamento de Energía de Estados Unidos es actualmente el único proveedor nacional de HALEU. El 23 de julio, el departamento anunció la asignación de una cantidad no especificada a NASA para su uso en la misión SR-1, y también asignó combustible a Radiant, una empresa especializada en reactores, después de asignaciones similares a otras empresas de reactores durante el año anterior.
Jeremy Kenny, director de la Oficina de Tecnologías Nucleares Avanzadas de NASA, afirmó que la disponibilidad de HALEU y su cadena de suministro representan un desafío positivo derivado de la expansión de la actividad, pero que podrían convertirse en un obstáculo al establecer prioridades y garantizar las cantidades necesarias. Entre los demás riesgos planteados figuran las cadenas de suministro de componentes de reactores, el número limitado de trabajadores que combinan experiencia nuclear y espacial, y la escasez de instalaciones de prueba terrestres disponibles.
Programas paralelos compiten por los mismos recursos
Los programas de NASA no funcionan en el vacío. Al mismo tiempo, otras entidades comerciales y gubernamentales están desarrollando pequeños reactores nucleares, lo que podría aumentar la competencia por el combustible, los componentes y los conocimientos especializados. Un ejemplo es el programa Janus del Ejército de Estados Unidos, cuyo objetivo es desarrollar microrreactores para suministrar energía a las bases.
Jeff Waksman, primer subsecretario adjunto del Ejército para Instalaciones, Energía y Medio Ambiente, afirmó que el Ejército anunciará próximamente los nombres de cinco empresas que ha seleccionado para continuar el desarrollo de microrreactores en el marco del programa, además de las bases que albergarán estos reactores y el presupuesto total. Aunque Janus no se centra en aplicaciones espaciales, Waksman lo describió como una punta de lanza para las aplicaciones avanzadas de la energía nuclear, y señaló que el Ejército coopera con NASA debido al solapamiento técnico y al número limitado de especialistas disponibles.
En la práctica, esto significa que el éxito de los programas nucleares espaciales podría depender en parte de la capacidad de los programas terrestres y espaciales para coordinar sus necesidades, en lugar de competir directamente por el combustible, el personal especializado y las instalaciones. Miles y Waksman subrayaron la necesidad de que los sectores público y privado cooperen para construir una capacidad industrial nuclear espacial permanente.
El problema más lejano: ¿qué ocurre después de 2029?
Las preocupaciones no se limitan a la preparación del hardware. Bhavya Lal, exfuncionaria de NASA en los ámbitos de la tecnología, las políticas y la estrategia, advirtió que el apoyo actual a los programas podría estar vinculado más a personas y posiciones políticas que a marcos institucionales estables. Planteó una pregunta directa sobre si un programa nuclear espacial seguirá existiendo dentro de tres años, concretamente cuando una nueva administración estadounidense asuma el poder en enero de 2029.
Lal considera que la misión SR-1 no tiene un cliente claramente definido en un grado suficiente. Transporta una carga útil de demostración tecnológica que incluye un conjunto de helicópteros marcianos llamados SkyFall, pero esta carga útil podría lanzarse en otra misión. Además, el programa del reactor lunar LR-1 no depende directamente de SR-1. Según su planteamiento, son las misiones SR-2, SR-3 y SR-4 las que realmente necesitan la continuidad de SR-1, pero todavía no existen.
Esta situación entraña un riesgo práctico: incluso si SR-1 se lanza a tiempo en diciembre de 2028, una administración posterior podría cancelar las misiones siguientes. Estas preocupaciones se basan en un precedente histórico: Estados Unidos lanzó su primer reactor nuclear espacial, SNAP-10A, en la década de 1960, y posteriormente se cancelaron las misiones de seguimiento.
¿Qué se necesita para consolidar el programa?
Lal propuso que NASA comenzara a trabajar en la misión SR-2 antes del lanzamiento de SR-1 y que elaborara planes alternativos en caso de que la misión sufriera retrasos. También pidió implicar al Congreso en la titularidad del programa mediante la aprobación de asignaciones financieras plurianuales, en lugar de limitarse a informarle sobre la evolución del proyecto.
Estas propuestas muestran que el desafío no consiste únicamente en lanzar un reactor, sino en crear una cadena continua de financiación, fabricación, pruebas y misiones posteriores. Sin esta continuidad, Estados Unidos podría lograr una demostración tecnológica aislada, pero no necesariamente construiría una capacidad nuclear espacial ampliable y sostenible.