Jameson Dow sostiene en un artículo de opinión publicado en Electrek que las crisis petroleras actuales no son consecuencia de los vehículos eléctricos, sino de conflictos políticos y militares y de perturbaciones en la infraestructura de las cadenas de suministro. El autor presenta una serie de focos de tensión que afectan a la disponibilidad de petróleo, desde el estrecho de Ormuz hasta el mar Negro, Venezuela y Cuba, para concluir que la dependencia del petróleo en el transporte deja a las economías expuestas a perturbaciones que los vehículos eléctricos no controlan.
Un mapa de perturbaciones que va más allá de un solo incidente
El artículo comienza con el estrecho de Ormuz, por el que, según la fuente, pasaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial antes de que la actividad naviera en la zona disminuyera considerablemente desde marzo. El autor relaciona esto con un conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, y señala que la reducción del consumo de petróleo de China, impulsada en parte por la rápida expansión del transporte eléctrico, ayudó a limitar la conmoción de precios prevista.
También menciona un ataque con dron contra una estación de bombeo de un oleoducto saudí que atraviesa el país de este a oeste, así como las amenazas y los ataques del grupo hutí contra buques cerca del estrecho de Bab el-Mandeb, por el que pasa aproximadamente el 9% de los cargamentos marítimos mundiales de petróleo. El artículo sitúa estos acontecimientos dentro de una red más amplia que incluye la guerra ruso-ucraniana, los ataques contra refinerías rusas, la inestabilidad política en Libia, la crisis de Venezuela y el bloqueo petrolero impuesto a Cuba, además de la tensión comercial entre Estados Unidos y Canadá.
¿Qué ha cambiado en la práctica?
Según el artículo, los ataques contra las refinerías rusas redujeron la capacidad de refinado nacional de Rusia. Veinticuatro de las 33 mayores refinerías fueron atacadas, lo que provocó colas en las estaciones de servicio y que las ventas de vehículos eléctricos en el país se duplicaran con creces en tres meses. En Cuba, la escasez de energía aceleró los intentos de desplegar energía solar y electrificar los medios de transporte. En cuanto a Canadá, el autor considera que permitir la entrada de vehículos eléctricos chinos podría aumentar la competencia y ampliar las opciones disponibles para los consumidores.
El artículo también se basa en una estimación según la cual el 43% del petróleo mundial procede de países afectados por conflictos. Advierte que el uso de las reservas estratégicas de petróleo no ofrece una protección permanente, especialmente ante la posibilidad de que China vuelva a aumentar sus compras de petróleo después de haber reducido su consumo anteriormente.
El argumento a favor de la electrificación del transporte
El argumento central del autor es que la mayor parte del petróleo se utiliza en el transporte, especialmente en automóviles y camiones ligeros, mientras que la electricidad puede generarse a partir de diversas fuentes locales o regionales. Afirma que un vehículo de combustión puede consumir alrededor de 50.000 libras de petróleo a lo largo de su vida útil, mientras que un vehículo eléctrico puede utilizar electricidad producida de múltiples maneras, con una eficiencia energética aproximadamente cuatro veces superior a la de un vehículo fósil, según el planteamiento del artículo.
También señala que los materiales utilizados en los vehículos eléctricos se emplean en cantidades relativamente menores y que parte de ellos puede reciclarse, en lugar de quemar combustible de forma continua. Menciona que los vehículos eléctricos desplazaron, según una estimación citada por la fuente, una demanda de petróleo equivalente al 70% de la producción de Irán del año pasado.
Lectura de certi.news
El valor real del artículo no reside en demostrar que los vehículos eléctricos evitan las guerras, sino en explicar que la electrificación del transporte puede reducir la demanda de un recurso extremadamente sensible a los conflictos, las rutas marítimas y las sanciones. Se trata de un efecto importante para la seguridad energética, pero no elimina las limitaciones: el artículo no presenta un modelo cuantitativo que demuestre que la transición eléctrica resolverá los conflictos políticos, ni detalla los desafíos de las redes eléctricas, las cadenas de suministro de baterías o el transporte pesado.
Asimismo, el autor utiliza un lenguaje político contundente y atribuye una responsabilidad amplia a determinadas entidades y gobiernos, por lo que las conclusiones relacionadas con las políticas estadounidenses y la industria china deben leerse como una postura editorial. Lo que queda establecido en el artículo es la amplitud de las fuentes de perturbación del petróleo y la existencia de indicios de que reducir su consumo en el transporte puede disminuir la exposición a las perturbaciones del suministro; en cambio, la magnitud y la velocidad del efecto futuro dependerán de las tasas de adopción, la infraestructura y las políticas nacionales.