Un nuevo estudio descubrió que la actividad cerebral durante los efectos de la psilocibina parece alterada cuando se analiza mediante métodos tradicionales, pero revela un patrón organizado cuando se estudia momento a momento y sin ocultar las diferencias individuales. Este trabajo sugiere que las experiencias psicológicas profundas asociadas con las drogas psicodélicas pueden surgir de una reorganización temporal de las relaciones entre las redes cerebrales, y no de una aleatoriedad pura.
Devon Stoliker y su equipo de Monash University dirigieron un experimento en el que participaron 62 personas que nunca habían usado una sustancia psicodélica. Los participantes recibieron 19 miligramos de psilocibina y posteriormente se sometieron a imágenes cerebrales por resonancia magnética aproximadamente 80 minutos después de la dosis, así como a un registro de EEG unos 150 minutos después. El mismo experimento se repitió en un estado de vigilia normal e incluyó cuatro fases: estar tumbados, una meditación guiada, una lista musical de 11 minutos y la visualización de un vídeo de nubes en movimiento con los ojos abiertos.
Límites más difusos entre el interior y el exterior
Las mediciones mostraron que la conectividad dentro de cada red cerebral se debilitó, mientras que aumentó la conectividad entre las redes y disminuyó la «modularidad» del cerebro, es decir, el grado en que permanece dividido en unidades especializadas claramente diferenciadas. Con los ojos cerrados, disminuyó la influencia de las regiones sensoriales, mientras que aumentó la influencia de las regiones asociativas relacionadas con la construcción de la realidad y la imaginación, así como con la percepción del yo; los investigadores subrayan que la interpretación de este resultado sigue siendo hipotética.
También se redujo la diferencia habitual entre la actividad cerebral con los ojos cerrados y durante la visualización de una película. En la red visual, la brecha entre ambos estados disminuyó un 85 %, mientras que la actividad de la banda alfa en el EEG, un indicador que normalmente se relaciona con el filtrado de las entradas visuales, se redujo aproximadamente a la mitad. Estos resultados concuerdan con la descripción de los participantes de una sensación menos definida de separación entre el mundo interior y el exterior.
¿Cómo apareció el sistema oculto?
En lugar de reducir los minutos de la exploración a un único promedio, el equipo utilizó la herramienta de aprendizaje automático CEBRA para analizar la actividad secuencial de 332 regiones cerebrales, conservando el orden de los acontecimientos. La herramienta generó para cada participante una trayectoria en un espacio tridimensional, en la que aparecieron cuatro grupos diferenciados correspondientes al descanso, la meditación, la música y el vídeo. Un clasificador automático pudo determinar el contexto en el que se encontraba la persona basándose en un momento de su actividad cerebral.
Lo más importante es que la precisión del clasificador se relacionó con la profundidad de la experiencia descrita por los participantes. Al sustituir la actividad de una red cerebral por su versión en el estado normal, se observó que la red por defecto y la red visual contribuyeron cada una en más de un 20 % a este efecto. El equipo considera que la convergencia de estas dos redes podría ayudar a explicar la sensación de que el yo y el mundo exterior se volvieron menos separados, un estado al que Stoliker denominó «integración» (embeddedness).
¿Qué cambia en la práctica?
Al día siguiente, la gran mayoría de los participantes informó de cambios psicológicos positivos, como una mayor sensación de conexión con uno mismo, con otras personas o con la naturaleza, además de paz, aceptación y creatividad. Los indicadores del clasificador también se relacionaron con la magnitud de estos cambios, lo que plantea la posibilidad de que el contexto —incluidos la habitación, la música y las instrucciones— sea un factor influyente en la experiencia y no simplemente su telón de fondo.
Sin embargo, el estudio todavía no demuestra cómo utilizar terapéuticamente estos resultados. Los participantes eran personas sanas, no pacientes, y dos personas que obtuvieran el mismo grado de «integración» podrían describir experiencias completamente distintas. Asimismo, los investigadores aún no saben cómo deberían ajustarse la música, las imágenes o las instrucciones, ni si la configuración óptima varía según la persona o el diagnóstico. Por ello, el valor del estudio actual sigue siendo principalmente interpretativo: ofrece una forma de observar una organización temporal oculta bajo la apariencia del caos, no un protocolo terapéutico listo para aplicarse.