Autores que esperan recibir sus participaciones de un acuerdo de derechos de autor por valor de 1.500 millones de dólares con Anthropic recibieron avisos que indicaban que editoriales u otras entidades habían presentado reclamaciones sobre los pagos asignados a sus obras. Estas reclamaciones plantean dudas sobre la exactitud de los registros de derechos y el mecanismo para determinar quiénes son los beneficiarios del acuerdo.
El acuerdo se alcanzó después de una demanda colectiva relacionada con el uso por parte de Anthropic de materiales protegidos por derechos de autor para entrenar modelos de inteligencia artificial. Según informó la fuente, un juez concluyó que entrenar modelos con materiales protegidos podía estar comprendido en el uso legítimo, pero distinguió esta práctica de la piratería de materiales, que no goza de la misma protección. El acuerdo recibió la aprobación definitiva en julio, lo que permitió iniciar los procedimientos de pago.
¿Cómo se supone que deben distribuirse los pagos?
El acuerdo incluye a los autores de casi 500.000 títulos, con un pago de 3.000 dólares por cada obra pirateada. Si el libro sigue estando impreso con una editorial tradicional, el pago se divide a partes iguales entre el autor y la editorial.
Si el libro se publicó por cuenta propia, o si la editorial devolvió los derechos al autor después de que la obra dejara de estar disponible, se supone que el autor debe recibir el importe completo. Uno de los puntos decisivos es la fecha de devolución de los derechos; esta debe haber tenido lugar antes del 10 de agosto de 2022 para que el autor pueda reclamar el 100 % por el libro, según lo descrito en el acuerdo mediante la fecha de descarga.
Reclamaciones duplicadas y errores en los registros
La fuente recogió quejas de autores que afirmaron que las editoriales reclaman pagos por obras sobre las que ya no tienen derechos, o reclaman el importe completo aunque su derecho no supere el 50 %. La escritora April Henry afirmó que HarperCollins presentó una reclamación sobre un libro cuyos derechos, según ella, le habían sido devueltos al menos 17 años antes. Ese mismo día también apareció un aviso que añadía a la editorial como su empleadora, algo que ella negó.
Victoria Strauss, del blog Writers Beware, afirmó que las quejas que recibió se repiten con los mismos patrones. Sin embargo, se abstuvo de interpretarlas como un intento deliberado de apropiarse del dinero de los autores y señaló que una gestión deficiente de los registros podría explicar parte de ellas, además de que algunas editoriales reconocieron la existencia de errores y pidieron a Anthropic que los corrigiera.
Del mismo modo, Mary Rasenberger, directora ejecutiva de Authors Guild, afirmó que no ve en los hechos disponibles pruebas de una campaña deliberada contra los autores, sino el resultado previsible de registros inexactos y de un acuerdo complejo. En cambio, Strauss consideró que el número inusual de informes en un periodo breve y la repetición de los mismos errores podrían indicar un problema más amplio que las habituales fallas aisladas en un proceso de gran magnitud.
¿Qué significa esto para los autores?
Las objeciones no se limitan a las editoriales; según Strauss, también recibió quejas sobre agencias literarias que presentan reclamaciones, pese a que los agentes no son los titulares de los derechos de los libros que venden. Courtney Milan y Authors Guild compartieron detalles adicionales sobre cómo impugnar la asignación de los pagos.
El caso demuestra en la práctica que el valor del acuerdo no garantiza que el dinero llegue automáticamente a los titulares correctos de los derechos. Los autores deben revisar el estado de cada obra, especialmente la fecha de devolución de los derechos, y utilizar el procedimiento de objeción cuando exista una reclamación rival. La pregunta abierta es si los errores seguirán siendo casos aislados que puedan corregirse o si reflejan un fallo sistemático en la gestión de los datos de derechos dentro del acuerdo.