El Gobierno de Corea del Sur anunció una estrategia de diez años denominada «Transición Verde de Corea» (K—GX), cuyo objetivo es impulsar la economía hacia la neutralidad de carbono manteniendo la competitividad industrial. Uno de sus principales objetivos consiste en añadir 100 gigavatios de energía renovable a la red del país para 2030, además de modernizar las líneas de transporte para llevar electricidad a las zonas de demanda.
El Gobierno tiene previsto invertir alrededor de 750.000 millones de dólares, equivalentes a 665.000 millones de euros, durante los próximos diez años. La financiación priorizará los sectores industriales con mayores emisiones, entre ellos el acero, la petroquímica, el cemento, los semiconductores, las pantallas y el refinado.
Red eléctrica e industria de bajas emisiones
La capacidad eléctrica total instalada en Corea del Sur alcanzó los 160 gigavatios en 2024, de los cuales 26 gigavatios correspondían a centrales nucleares. La demanda de electricidad registró 104 gigavatios durante una ola de calor en agosto, lo que pone de manifiesto la importancia de ampliar simultáneamente la generación y las redes de transporte, en lugar de limitarse a añadir nueva capacidad de producción.
El plan incluye la construcción de líneas de transporte de corriente continua de alta tensión (HVDC) y la sustitución de los cables actuales por otros de mayor capacidad. Además, más de la mitad de la financiación climática se destinará fuera del área metropolitana de Seúl, mientras que al menos el 70% se dirigirá a pequeñas y medianas empresas y a empresas de tamaño mediano. El Gobierno planea emitir sus primeros bonos verdes en 2028, junto con la ampliación de las exenciones o incentivos fiscales para los componentes y equipos de producción nacional destinados a la energía solar, eólica y las baterías.
En el sector del acero, el Gobierno aspira a producir 300.000 toneladas de acero verde mediante el uso de hidrógeno en lugar de carbón para la reducción del hierro de aquí a 2030, y elevar la producción a 2,5 millones de toneladas para 2036. También pretende que la producción nacional de acero dependa por completo de la reducción mediante hidrógeno a más tardar en 2050, si el plan tiene éxito.
Automóviles, baterías y energía solar
La estrategia K—GX tiene como objetivo que los vehículos eléctricos y de hidrógeno representen el 70% del mercado de automóviles y camiones nuevos para 2035. Las medidas propuestas incluyen rediseñar las ayudas para los vehículos eléctricos, ofrecer incentivos para los vehículos fabricados con acero de bajas emisiones y apoyar la transición de los conductores desde los motores de combustión interna, además de un programa de alquiler de baterías.
Corea del Sur quiere aumentar su participación en el mercado mundial de vehículos eléctricos; actualmente ocupa el octavo lugar, con una cuota del 3,8%, mientras que aspira a convertirse en el tercer mayor proveedor de vehículos eléctricos para 2035. En el ámbito de las baterías, planea comercializar baterías de estado sólido de alto rendimiento para 2027 y centrarse en baterías de iones de sodio de bajo coste para 2030.
El país también aspira a comercializar y producir células solares tándem de alta eficiencia a gran escala para 2028, para después convertirse en el mayor proveedor mundial de este tipo de células para 2035. Hanwha Qcells liderará los materiales para la generación de energía limpia y las células tándem de perovskita, mientras que POSCO Holdings se centrará en reducir las emisiones de la industria siderúrgica. LG Electronics y Samsung Electronics participan en un proyecto para ampliar el uso de bombas de calor y soluciones bajas en carbono en los hogares.
¿Qué cambia en la práctica?
El plan refleja la transición de Corea del Sur desde los objetivos de reducción de emisiones hacia una política industrial que vincula la energía limpia con la competencia en los mercados del acero, los automóviles, las baterías y la energía solar. Su éxito dependerá de la ejecución de la ampliación de la red, la disponibilidad de financiación a largo plazo y los avances reales en las tecnologías del hidrógeno, las baterías y las células solares.
Algunos detalles siguen abiertos, especialmente la fuente del hidrógeno utilizado en la industria siderúrgica; su producción a partir de gas natural podría limitar los beneficios de la reducción de emisiones, mientras que producirlo mediante electrólisis basada en energías renovables requeriría una expansión simultánea de la generación y las redes.