La empresa estadounidense Aerospace Corp. continúa probando la operatividad de sus satélites planos DiskSat en la órbita terrestre baja, después de lanzar cuatro de ellos en diciembre a bordo de un cohete Rocket Lab Electron. Los satélites fueron desplegados desde un dispensador diseñado específicamente por la empresa para la misión, a una altitud de 550 kilómetros, mientras los ingenieros trabajan actualmente en la activación de los sistemas de propulsión eléctrica Nano Field Emission Electric Propulsion de la empresa Enpulsion.
Los satélites DiskSat pesan aproximadamente 17 kilogramos cada uno y están diseñados con forma de disco de un metro de diámetro y 2,5 centímetros de grosor. Debido a la resistencia atmosférica, los satélites descienden lentamente desde su órbita actual, pero el siguiente objetivo es utilizar la propulsión para reducir su altitud y mantenerlos en una órbita terrestre muy baja, es decir, a una altura inferior a 300 kilómetros.
Un diseño que obliga a reconstruir los sistemas
Los DiskSat difieren radicalmente de los satélites pequeños tradicionales. Su estructura se fabricó con láminas compuestas de fibra de carbono adheridas a un núcleo de aluminio con estructura de panal. Esta forma inusual obligó a los ingenieros de Aerospace a rediseñar o modificar los sistemas de gestión de energía, comunicaciones, control de actitud y control térmico.
Darren Rowen, ingeniero jefe de la misión de demostración, afirmó que DiskSat representa el mayor avance en satélites empaquetados en contenedores desde la aparición de los CubeSats a principios de la década de 2000. Sin embargo, la primera fase en órbita reveló que la mayoría de los componentes de la misión eran nuevos, incluida la plataforma, el dispensador, la radio de banda S y la red de estaciones terrestres, lo que impuso una curva de aprendizaje pronunciada al equipo de operaciones.
Problemas térmicos y baterías dañadas
El control térmico fue uno de los principales desafíos, ya que los propulsores, las cargas útiles, los sensores de seguimiento estelar y otros componentes estaban instalados en las superficies exteriores de los satélites. Los ingenieros tuvieron que desarrollar soluciones para evitar que estos componentes quedaran expuestos a temperaturas excesivamente altas o bajas. El equipo también detectó, después de llegar a la órbita, una filtración de luz que afectaba a los sensores de seguimiento estelar, y resolvió el problema modificando los procedimientos operativos de la misión.
El problema de mayor impacto estuvo relacionado con los calentadores de las baterías, que consumían energía de forma desigual debido a un fallo en su diseño. Los ingenieros lograron mitigar el fallo mediante software, pero la modificación no se cargó ni se aplicó por completo hasta después de que dos baterías del satélite DiskSat C y una batería del DiskSat A dejaran de funcionar permanentemente, según el documento presentado por el equipo de la misión en la Conferencia de Satélites Pequeños de 2026.
¿Qué significa esto para la tecnología?
El experimento demuestra que miniaturizar un satélite y cambiar su forma no se limita a reorganizar los componentes, sino que requiere rediseñar los sistemas de energía, comunicaciones y control térmico, así como los mecanismos de despliegue y operación. Trabajar en una órbita inferior a 300 kilómetros ofrece un objetivo práctico para probar este diseño, pero también expone los sistemas a un entorno operativo más sensible a la resistencia atmosférica, lo que explica la importancia de la propulsión utilizada para reducir y mantener la órbita.
A pesar de la pérdida de tres baterías, Aerospace afirmó que la misión sigue encaminada a lograr todos sus objetivos. La fuente no ofrece detalles sobre el rendimiento final de los propulsores ni sobre el tiempo necesario para alcanzar la órbita muy baja, por lo que estos puntos siguen abiertos hasta que se completen las pruebas.
Transferencia de la tecnología al mercado
La misión no se limita a demostrar el concepto dentro de Aerospace. Las empresas Neumann Space, Orbotic Systems y Satlyt han firmado acuerdos de licencia comercial para la tecnología DiskSat, mientras que otras empresas han mostrado interés en ella. Catherine Venturini, investigadora principal de la misión de demostración, considera que el éxito del proyecto también se mide por su capacidad para construir una base industrial que permita a otras empresas desarrollar sus propios satélites DiskSat.