Suecia está pasando de ser el país conocido por albergar a Spotify y Klarna a producir una nueva generación de empresas emergentes que atraen un amplio interés en el sector tecnológico europeo. Esta ola incluye empresas como Legora, especializada en inteligencia artificial jurídica, y Lovable, que desarrolla herramientas de programación basadas en descripciones textuales, además de Neko Health y la empresa de transporte autónomo de mercancías Einride.
Sophia Bendz, socia general de Cherry Ventures, expuso su interpretación de esta transformación durante su participación en el pódcast Equity. Según su explicación, el emprendimiento en Suecia ya no es una opción profesional marginal ni menos atractiva que la banca y la consultoría; para una proporción cada vez mayor de los trabajadores del sector tecnológico, se ha convertido en un camino que combina la creación de productos, la autonomía y la posibilidad de generar riqueza.
La financiación se recupera tras la ola de 2021
El ecosistema de empresas emergentes de Suecia ha captado 2.800 millones de dólares este año, según datos de Dealroom, y se prevé que la cifra alcance al menos 5.000 millones de dólares. Aunque este ritmo supera lo captado por el ecosistema el año pasado, 3.200 millones de dólares, todavía está muy por debajo del máximo de 2021, cuando la financiación alcanzó los 8.500 millones de dólares.
Estas cifras reflejan el ciclo del capital riesgo más de lo que demuestran por sí solas una transformación permanente del mercado. El año 2021 registró una abundancia excepcional de financiación, antes de que el mercado se calmara posteriormente, mientras que los datos actuales de Dealroom apuntan a una recuperación gradual de la actividad. Por ello, la importancia de la ola sueca no está relacionada únicamente con el volumen de financiación, sino con la capacidad del ecosistema para producir nuevas empresas incluso después de que remitiera la anterior ola de inversión.
¿Qué aporta la primera generación?
Según Bendz, las nuevas empresas se benefician de la primera generación de emprendedores suecos, que canalizan recursos, experiencia y orientación hacia la siguiente generación. Este efecto se observa en el paso de algunos fundadores o antiguos empleados a la creación de nuevas empresas, en lugar de limitarse a trabajar dentro de las compañías que les dieron fama.
Daniel Ek, fundador de Spotify, ofrece un ejemplo de la continuidad de este vínculo entre generaciones; también fundó Neko Health. Bendz afirmó asimismo que los empleados que trabajaron en Lovable y Legora muestran una clara inclinación a fundar sus propias empresas, aprovechando la experiencia adquirida en entornos tecnológicos de rápido crecimiento.
Un interés estadounidense creciente
Esta actividad ya no pasa desapercibida para los inversores de fuera de Suecia. Bendz señaló que los inversores estadounidenses acuden cada vez más al país para reunirse con fundadores y presentar ofertas de inversión. En su interpretación, esto constituye una prueba de la existencia de un gran número de empresas capaces de construir y crecer, y no simplemente el resultado de la fama de Spotify o Klarna.
Lectura editorial: Lo que realmente está cambiando es que Suecia está pasando de un modelo basado en historias de éxito aisladas a un ecosistema alimentado por la experiencia acumulada, el movimiento de empleados entre empresas y la creación reiterada de nuevas compañías. Sin embargo, el artículo no ofrece detalles sobre la distribución de la financiación entre empresas o sectores, ni demuestra que todas las empresas emergentes suecas se beneficien por igual de este impulso. Además, la previsión de alcanzar los 5.000 millones de dólares sigue siendo una estimación, mientras que la comparación con el máximo de 2021 recuerda que el crecimiento de la financiación no equivale automáticamente a un crecimiento sostenible.